¿Dónde están los estudiantes que no quieren estudiar?

El cansancio vence a los parpados, pero hay oportunidades que no se pueden dejar pasar. La oportunidad de escribir desde el cansancio, la indignación y la angustia, pero también desde la fuerza y la esperanza.

Es el primer congreso que realiza la Red Norte Grande en la Facultad de Filosofía y Letras. Una iniciativa que nació de una profesora de la carrera de Filosofía de nuestra facultad, y que hoy se convierte en sede de un congreso que va a recibir a 300 estudiantes y profesores de provincias del NOA, NEA, San Luis, y unos pocos de Bolivia. Estos datos en otro momento (momentos de rutina), me hubiesen parecido irrelevantes, pero en “contextos de toma” adquieren un valor inmenso.

Este congreso hace un tiempo viene peleando su posición, su lugar. Primero, adaptándose a una toma de facultad con todo lo que eso implica, como someterse a asambleas de carrera e interfacultades, como así también a reuniones con la decana y con el gremio no docente. Y a pesar de que las cosas no salieran como estaban planeadas desde un comienzo, porque la decana no aportó nada con su fiel posición del “NI” (ni no, ni sí), porque el gremio no docente nos negó el espacio que teníamos (los anfiteatros nuevos) para las cuatro mesas paneles simultáneas, como así también personal que se encargara del mantenimiento de aulas, pisos y baños limpios; es decir, aunque todo parece indicar que estamos SOLOS, el congreso tiene más fuerza que nunca.

Que tengamos que improvisar con aulas del pasillo 300 y 400, tener que baldear el piso para que nuestros invitados lleguen y se encuentren con una casa que no pasa por una buena situación pero que, sin embargo, los recibe con las puertas abiertas porque la voluntad es grande, NO TIENE PRECIO.

No tiene precio que estudiantes y docentes limpien codo a codo los asientos del salón de actos, que pinten carteles poniendo sobre el tapete que en esta casa de estudios está pasando algo importante. ¿Quiénes son realmente las personas que ponen trabas a la educación? ¿Dónde están los estudiantes que toman la facultad porque no quieren estudiar? ¿Son los estudiantes de asamblea que por voto unánime aceptaron la realización del congreso? ¿Son los estudiantes que tuvieron que trasladar sus pertenencias y buscar otros espacios quizás menos cómodos sólo para ceder el espacio a nuestro congreso? ¿Son los estudiantes que se acercaron a preguntar qué necesitábamos cuando nos veían subidos a una mesa colgando un cartel?

Ojalá estas lineas puedan llamar a la reflexión a algunas personas, ¿Cuánto tiempo más podemos darnos el lujo de no mirar la realidad para cambiarla?

 

 

                                                                                                               Belén Barcala

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