Cuando Se Enciende Una Luz

Desde que nacemos estamos destinados, si la providencia o Dios nos ayudan, a vivir con los ojos abiertos al mundo. La luz de la sala de parto es la primera que desvirga nuestras pupilas cerradas durante 9 meses. Desde ese momento vivimos pendientes de ella, porque la oscuridad nos rememora a ese tiempo en el cual aún “no éramos” lo que somos, a ese momento en el cual no había nada, a ese limbo, a ese miedo de “no ser”, a esa inexistencia.

El día de ayer se conmemoró un nuevo aniversario de “La Noche de los Lápices”. La noche sinónimo de oscuridad, contempla una perfecta analogía para esa fatídica fecha donde muchos estudiantes (casi niños) desaparecieron por un pedido, que desde entonces, no está garantizado; el boleto estudiantil. La marcha en su conmemoración fue multitudinaria, desde distintas edades y posturas se convergió en un reclamo puntual, terminar con la impunidad. Impunidad propuesta por gobernantes que miran hacia otro lado, en directivos de una universidad enorme por su trascendencia en su formación, pero con grandes deudas hacia el alumnado.

Es importante buscar justicia social, es el motor que cualquier persona debería tener en su alma, en su formación, en sus entrañas. La lucha por esto cada vez es más grande. Ya van 21 días desde el momento en que se reclamó con un grito de “Basta”. Desde entonces, cantidades de personas (docentes, víctimas de la impunidad, compañeros de los colegios secundarios, de otras universidades, egresados, etc.) se sumaron. Cada uno que se a presenta, desde lo físico de una marcha o una pancarta, o desde lo simbólico de una palabra o un mensaje, es un destello de luz dentro de esta gran antorcha que quiere terminar con la oscuridad que perpetra todos los motivos de esta lucha. Cada anciano, mujer, hombre o niño es un destello que alumbra, que da su presencia en este momento.

Esperemos que este sea el comienzo de un candil que marque el rumbo de los reclamos que no quedaran perdidos hasta que la última chispa encendida de la última vela en la mano de quien alza su voz, se apague. Porque las tinieblas nunca son lo mismo para quien vive en ellas, después de que una luz asoma por sus ojos.
RS

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