Los tercos hechos

Por Cynthia Juarez

Dos casos. Cuando el pasado 12 de agosto cobró difusión masiva en la provincia el abuso sexual perpetrado a una alumna de la carrera de Trabajo Social, ocurrido mientras está se desplazaba camino a la universidad en plena siesta, las posturas de los medios, las autoridades de la universidad, los encargados de la vigilancia y la protección, poco han contribuido a poner en cuestión esta situación, cuya prevención se limita a la disposición de fuerzas policiales distribuidas a lo largo de la avenida Benjamin Araóz. El trasfondo la problemática es mayor. No se trató la violencia de género, ni la realidad de muchos estudiantes que deben forzosamente atravesar el parque a falta de recursos para utilizar doble transporte exponiéndose a variados riesgos, asimismo la poca seriedad con que se han instalado soluciones fáciles de inseguridad como la publicidad de un número celular en caso de emergencias.

La visibilización de hechos de inseguridad para los alumnos de la facultad de Filosofía y Letras no es tema reciente, cualquier estudiante puede dar cuenta de experiencias propias o de compañeros y amigos sobre robos, intentos de robos, agresiones; etcétera. Algunos hasta han sido perseguidos o acosados física o verbalmente en el trayecto parque-facultad; terminal-facultad o facultad misma; indistintamente sufrido por hombres y mujeres.
La violencia es real y no una sensación, cuando sólo basta para ilustrarlo tomar un par de testimonios de quienes pasan allí gran parte de su día.
Tras una nueva denuncia de violación y abuso sexual contra otra joven en inmediaciones, del parque, las preguntas y el eje central de la discusión no debería ser la veracidad o no de la denunciante, los entredichos de las fuentes que la indagaron, el “quiebre” del testimonio o la existencia de un “consentimiento” para el acto sexual.
Los estudiantes de ese centro universitario se preguntan si acaso es necesario engrosar las fojas de la comisaría con nuevas victimas. Por eso la decisión de formar una asamblea general de estudiantes este pasado 27 buscaba en principio proponer vías que agilicen estos reclamos que implican la ejecución de medidas de manera urgente por parte de las distintas autoridades competentes.
La resolución de tomar el Centro Prebisch por tiempo indeterminado responde al reclamo por soluciones que garanticen la integridad de quienes asisten a esta casa de estudios, incluyendo a los docentes y miembros no docentes.

No se trata sólo de hablar de inseguridad a secas y reforzar la tan difundida representación y reproducción del miedo por el miedo mismo. Cuántas tapas de diarios y secciones de policiales nos demuestran en los medios gráficos esta propensión a llenar las páginas de nuestro imaginario sobre lo inseguros e indefensos que estamos. Son bastantes las imágenes en TV o flash informativos de radios que hacen eco de esos hechos convertidos en noticia de morboso sensacionalismo en crímenes, robos, violaciones y demás.
Ahora de todos esos casos, que tanto atiborran nuestro insufrible cotidiano, cuántos tienen un seguimiento para saber qué se hizo con el o los victimarios o sospechosos; qué paso con las víctimas, cuánto duro el proceso, qué autoridades intervinieron. Sabemos que muy pocos y la gran mayoría de noticias no persiguen ese fin; así por ejemplo una situación de robo a mano armada para llevarse una cartera no habla de la vida de esa pobre señora que ahora debe caminar con posiblemente algún trauma de perder no algo material si no la vida. Este tipo de noticias simplemente se generan con el fin de causar esa “sensación” de que todo es inseguro.

Las propuestas llevadas a cabo por lo estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras buscan dar esa continuidad, romper con el inmovilismo reforzado en la idea de que las cosas están así y no se pueden cambiar. La participación estudiantil revela la necesidad de cambio, de mejoras en lo que hoy se vive como impunidad y desidia. La toma de la facultad es la lucha, para que quienes estudian y trabajan en el centro puedan hacerlo genuinamente bajo la garantía de una universidad laica, pública y gratuita, que cuida y vela por la integridad de sus miembros.

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